Concentración Agrícola “Arturo Gómez Jaramillo” ubicada en la vereda San Felipe del municipio de Alcalá en el Valle del Cauca, al sur occidente colombiano.
45 AÑOS DE LIDERAZGO!!

La Concentración Rural Agrícola de Alcalá, hace antología en sus 45 años de fundación al insigne hombre por el cual debe su nombre y quien fuera creador del icono cafetero colombiano “Juan Valdez”; el Dr. Arturo Gómez Jaramillo.
En ese sentido del 2 al 6 de noviembre de 2010, recuperaremos valores asumidos durante estas décadas con actividades culturales, deportivas, recreativas y religiosas.
Leer no debe ser una tarea más; padres y docentes deben inculcar el hábito, advierten investigadoras

El profesor de español que daba un mes de plazo para terminar de leer Cien años de soledad y sacarle el árbol genealógico y las figuras literarias al libro está fuera de lugar en la promoción de la lectura.
Así podría resumirse la conclusión a la que, desde caminos distintos, han llegado Rosa Julia Guzmán, Beatriz Helena Robledo y Liliana Borrero Botero, investigadoras de la manera como los padres y la escuela inculcan el amor por los libros entre las nuevas generaciones.
"No debemos instrumentalizar la lectura", advierte Robledo, subdirectora de la Biblioteca Nacional y autora del recién publicado libro El arte de la mediación (Norma). "Desde hace unos 20 años la experiencia de leer en la escuela se privó de lo estético, humano y vivencial", agrega.
Y en tiempos de Internet, libros digitales y aparatos portátiles, que los adultos guíen a los niños en sus primeros acercamientos a la lectoescritura cobra gran importancia, y sigue involucrando las estrategias a la vieja usanza.
"Si el día de mañana desaparecen los libros de papel y se vuelven todos electrónicos, eso no va a reemplazar la relación humana. Sigue siendo importante que el adulto le lea al niño en voz alta o que, a los más pequeños, sus papás o abuelos les lean cuentos antes de dormir", dice Robledo.
Todo es cuestión de gustos
Promover el interés por los libros implica saber qué temas les interesan a los pequeños. "Es importante que un maestro conozca a sus alumnos. Hay que mirar con cuidado las recomendaciones de libros de las editoriales por edad. Suelen ser guías para las compras, pero no deben limitar la selección de materiales", apunta.
"Escucharlos", resume Rosa Julia Guzmán, directora de la Maestría en Pedagogía de la Universidad de la Sabana. Según ella, la lectura y la escritura suelen verse como habilidades mecánicas para aprender otras cosas.
"Los niños no aprenden a partir de copias y planas. Escribir es producir, no copiar Lo que está errado es creer que el lenguaje, que la escritura y lectura están despojados del pensamiento", dice.
De un tiempo para acá, agrega Guzmán, la escuela empezó a considerar patológica cualquier dificultad para leer y escribir.
Más que literatura infantil
"A todos los niños los mandan a terapia, cuando en la mayoría de los casos el problema no es del niño sino de la formación de quien enseña", afirma.
Parte de esa formación está, desde luego, en conocer algo más que los llamados 'clásicos' de la literatura o los títulos 'para niños'.
"Si el maestro es un lector habitual, puede ofrecer un menú variado, pero si solo conoce un buen libro se vuelve muy pobre la experiencia", señala Robledo, quien recomienda acercar a los niños a los autores contemporáneos leyéndoles sus obras en voz alta.
"Lo que uno debe hacer es identificar temas que sean significativos para los niños y generar una actividad oral en la que todos se puedan expresar sobre las historias que les gustaría leer o que les leyeran y sobre lo que quieren escribir", dice Rosa Julia Guzmán.
'El 80% de los problemas son por lectura'
Liliana Borrero, autora de Enseñando a leer: teoría, práctica e intervención y docente del Colegio Nueva Granada de Bogotá, cree que falta comprensión sobre el hecho de que leer no es un asunto natural. "El cerebro humano viene programado para aprender a hablar, pero no para leer. Más o menos el 10 por ciento de los niños tienen dificultades de aprendizaje y de estos el 80 por ciento tienen dificultades de lectura", dice.
Agrega que es un mito que los niños con problemas de lectura sean poco inteligentes o perezosos.
"Es importante estar alerta a las señales de alarma durante los primeros cinco años de vida: cuando en la familia hay historia de problemas de aprendizaje, cuando hay un retraso en el desarrollo del lenguaje, cuando el niño tiene dificultades para seguir instrucciones o nominar las cosas", explica.
Rosa Julia Guzmán añade que no basta con poner al estudiante a leer un libro y al final ver cómo le fue. "Uno tiene que hacer seguimiento para saber cómo se está dando el aprendizaje de la lengua escrita y así estimular el avance".
Dónde encontrar listas de libros
Una dificultad de padres y maestros al escoger qué lecturas recomendarle a un niño es la falta de guías. Algunos sitios que consulta Beatriz Robledo:
Banco del Libro: bancodellibro.org.ve
Fundalectura: fundalectura.org
Espantapájaros, para primera infancia: espantapajaros.com
Revistas de literatura infantil: imaginaria.com.ar y cuatrogatos.org
Lo que pueden hacer los papás
1. Leerle al niño en voz alta, por ejemplo, antes de dormirse, incluso si ya saben leer. Más tarde, hacer sesiones de lectura compartida para comentar.
2. Tener una biblioteca en el cuarto del niño que se vaya alimentando de libros que le despierten interés y le ayuden a resolver dudas sobre el mundo.
Lo que pueden hacer los maestros
1. Elaborar un menú literario de lectura en voz alta al estilo de un restaurante, que incluya cada mes un 'plato' diferente: poesía, mitos, leyendas o cuentos.
2. Crear un cuaderno viajero que los niños se lleven a casa y en el que los adultos, después de contarles una historia, la escriban para compartirla.
¿Me sirve estudiar por Internet?

Estudiar una carrera o un curso profesional por Internet puede ser la mejor opción o la peor pesadilla y pérdida de dinero posible. Así lo resumen las mismas universidades que ofrecen estudios virtuales en Colombia, donde hasta hace tres años era muy raro sentarse frente a un computador a recibir clase.
Ni todas las carreras pueden verse por Internet, ni todos los alumnos le van a encontrar el gusto. Tampoco todas las universidades -por prestigiosas que sean- ofrecen buenos programas, resume Edison Escobar Acevedo, coordinador de Innovación y Prospectiva de la Universidad Católica del Norte (del área metropolitana de Medellín).
Al tratar de armar el perfil de la persona idónea para estudiar por Internet, las universidades resaltan dos características: poder aprender solo sin aburrirse a los 10 minutos y tener la astucia para buscar soluciones cuando, por ejemplo, no se abre un sitio web o se bloquea un programa.
"Debe tener disciplina para sentarse a estudiar y estar pendiente de todas las actividades; si no está dispuesto a hacer eso, puede resultar fácilmente expulsado", sentencia Crescencio Huertas, director de Servicios Académicos Virtuales de la Universidad Nacional, donde no ofrecen carreras universitarias virtuales, solo posgrados.
Si se va a inscribir, tenga en cuenta...
Para quienes no están familiarizados con la educación en línea, es casi obligatorio pedir un curso introductorio o una demostración.
Siempre pida referencias de amigos o personas que ya cursen el programa.
Verifique que su conexión a Internet reúna los requisitos para actividades como sesiones de videochat o descarga de archivos pesados.
"Los programas que son totalmente virtuales son muy flexibles y usted debe tener información fidedigna del currículo. Puede resultar terminando dentro de 10 años si no matricula la cantidad de créditos (cargas académicas) necesarios", dice Crescencio Huertas.
Aunque no debe cumplir horarios, las fechas de entrega de trabajos o exámenes son tan estrictas como en las carreras presenciales, por lo que sube el riesgo de obtener malas calificaciones.
Nadie acabará con los libros

pstein añade, en alusión a la nueva personalidad del editor, redimida y reinventada gracias a las tecnologías digitales: “los editores pueden realizar la promoción de un fondo prácticamente ilimitado de libros sin inventarios físicos, sin gastos de distribución o copias físicas invendidas y devueltas a crédito. Los usuarios pagarán anticipadamente el producto que compren. Eso significa que incluso las herramientas automatizadas que Amazon proporciona para facilitar los envíos serán superadas por los inventarios electrónicos. Esto sucedía hace ahora veinticinco años. Hoy la digitalización está sustituyendo a la edición física más de lo que hubiera podido imaginar”. Este mensaje no solamente alude a los editores, que quede claro: compromete a los distribuidores y, cómo no, a los libreros, presos de sus certezas tradicionales y de un inmovilismo casi atávico. En todo caso, no conviene olvidar que Jason Epstein es el creador de la celebérrima Expresso Book Machine, una máquina de impresión digital (que no está todavía a la venta en Europa por problemas en sus licencias de comercialización) pensada para que el librero se convierta en impresor, a la antigua usanza cervantina.
En ningún caso argumenta Epstein, y esto sí conviene resaltarlo para completar el sentido y la intención del artículo, que los libros en papel vayan a desaparecer, muy al contrario: “los libros electrónicos”, añade escuetamente después de explayarse en párrafos previos, “serán un factor significativo en este futuro incierto, pero los libros impresos y encuadernados actuales continuarán siendo el repositorio irremplazable de nuestra sabiduría colectiva”. En realidad, de lo que Epstein habla es de gestión digital integral de la cadena de valor del libro, algo que comprende y excede al mismo tiempo el concepto de digitalización, más estrecho y ceñido a un procedimiento concreto. Su opinión parece venir avalada por la de otro gigante con libro recién aparecido, Umberto Eco: en Nadie acabará con los libros, un conjunto de entrevistas realizadas por Jean-Claude Carrière, asegura: “el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizás evolucionen sus componentes, quizás sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”.
Pero Epstein arremete contra otras de las convenciones políticamente correctas de los últimos tiempos, casi tan extendidas como la de la desaparición de los libros en papel. Me refiero a la convención tan defendida por el ala del digitalismo colaborativo de que las modalidades de creación discursivas y literarias tradicionales desaparecerán: nada, dice el editor norteamericano, hará que un mashup colaborativo sustituya por acumulación y casualidad el trabajo de Dickens o de Melville. Y en contra de lo que en el mismo Babelia del sábado pasado sostuviera José Antonio Millán, en “La Biblia, al aparato“, en la que sostenía que “una forma novedosa de “leer” los cómics del pasado o imaginar las obras del futuro” será aquella en que se combinen “en dispositivos portátiles, imágenes, texto, movimientos, sonido, interactividades…”, Epstein responde: “aunque los bloger anticipen una diversidad de proyectos comunales y de nuevos tipos de expresión, la forma literaria ha sido marcadamente conservadora a través de su larga historia mientras que el acto de la lectura aborrece esa clase de distracciones que los elementos de la web intensifican -acompañamiento musical, animaciones, comentarios críticos y otros metadatos-, componentes que algunos profetas de la era digital prevén como márgenes rentables para los proveedores de contenidos”.
Nadie acabará con los libros, parecen decir los dos grandes expertos, Eco y Epstein, y es posible que esté haciéndome mayor, porque cada vez estoy más de acuerdo con ellos.
Conexión con la educación

Los más de 8.000 usuarios registrados que hoy en día tiene el portal Colombia Aprende son apenas una pequeña muestra de que, sin miedo, la comunidad educativa se está lanzando a navegar por el mundo de las nuevas tecnologías.
El fomento por el uso de las nuevas tecnologías en el país hace de Colombia Aprende el espacio virtual propicio para empezar con tan ardua tarea. Pero no sólo se trata de brindar contenidos, servicios y herramientas de alta calidad, pues la misión va mucho más allá y es contribuir al fortalecimiento de la equidad y el mejoramiento de la educación en Colombia.
Los objetivos de esta revolución están orientados a facilitar el acceso de los niños y niñas de todas las regiones a las instituciones educativas; posibilitar su permanencia en las aulas; mejorar sus procesos de aprendizaje y brindarles las herramientas para desarrollar las capacidades y habilidades que les permitan mejorar su calidad de vida, contribuir al desarrollo del país y afrontar las exigencias del mundo contemporáneo.
Para implementar el proyecto se fijaron tres líneas de acción. La primera, destinada a la dotación de computadores y conectividad a las instituciones educativas, a través de la alianza con el programa Computadores para Educar, las secretarías de educación de las entidades territoriales y el programa Compartel. La segunda, orientada al fortalecimiento de los sistemas de información y conocimiento, y el fomento de actividades de generación de conocimiento y divulgación, que tendrá su principal base de apoyo precisamente en el portal educativo Colombia Aprende y la puesta en marcha de un sistema de divulgación y socialización de experiencias significativas a través de foros regionales y congresos nacionales.
La tercera tiene que ver con el establecimiento de redes de apoyo a los procesos de los estándares de matemáticas, lenguaje, ciencias y competencias ciudadanas, evaluación y mejoramiento, con ofertas de procesos de formación a docentes y directivos docentes en el uso educativo de las tecnologías; la creación de un observatorio de tecnologías de la información y las comunicaciones en educación, como espacio académico de fomento a la investigación, la innovación y el desarrollo de tecnologías; la conformación de la Red de Observatorios como centro de gestión de conocimiento y la implementación de un modelo de evaluación y seguimiento sobre los avances regionales y nacionales.
Colombia Aprende brinda la posibilidad de iniciar procesos de innovación con tecnologías de información y comunicaciones, a través de modelos claros, evaluados, según el contexto y las necesidades de los niños, niñas, jóvenes y comunidad educativa en general. Con el eslogan "la red del conocimiento", Colombia Aprende le ofrece a la comunidad nacional e internacional una herramienta de apoyo para el mejoramiento educativo.
Este portal marca indiscutiblemente una manera distinta de concebir la pedagogía en Colombia. El Ministerio de Educación Nacional aspira a que la comunidad educativa, en medio de un espacio virtual, sin restricciones de tiempo ni de lugar, empiece a convertir el trabajo escolar e investigativo en actividades que promuevan la creación y la participación, la pluralidad e la interacción, y que permitan la formulación de propuestas ágiles, colaborativas, interdisciplinarias, multiculturales, agradables y potentes.
Las redes son fundamentales
Desde Colombia Aprende habrá acceso al conocimiento desde múltiples perspectivas, formatos y herramientas a través de la formación de un punto de encuentro e intercambio de saberes que beneficia la interacción entre los distintos miembros de la comunidad educativa, facilitando la participación y conformación de redes virtuales nacionales e internacionales que le permiten al país acceder a la sociedad del conocimiento.
La metodología de trabajo por proyectos y el trabajo grupal colaborativo resultan adecuados para explotar las ventajas que las tecnologías ofrecen al proceso de aprendizaje escolar, pues facilitan la participación activa del alumno, lo hacen corresponsable del aprendizaje del grupo, permiten crear lugares virtuales de trabajo conjunto, abren el aula a otros espacios educativos, incorporan los intereses del alumno, facilitan la búsqueda autónoma de información adicional y disminuyen el papel directivo y de "fuente única del saber" del docente.
Por eso a través del portal, cada usuario podrá estar en red con sus pares, contactar, conversar, debatir, compartir, consultar e intercambiar temas de interés, a través de su participación en foros, diálogos y el envío, vía electrónica, de mensajes. Allí, en medio del intercambio participativo, la formación y el desarrollo de actitudes propositivas y constructivas frente al tema educativo se vuelven fundamentales.
El portal Colombia Aprende está vinculado a una red de portales, nacionales e internacionales, que trasciende la frontera de la institución y posibilita el acceso y el contacto con otras experiencias, especialmente de América Latina. Reunir todos los recursos virtuales de estos países y poder relacionarnos mediante una red educativa era un sueño que siempre se había tenido en mente pero que no había podido realizarse sistemáticamente.
Hoy desde el Ministerio de Educación Nacional podemos decirle con orgullo al país y al mundo que si quieren ver más de lo que estamos haciendo en Colombia por acercar la educación al siglo XXI, pueden visitar en Internet la página
www.colombiaaprende.edu.coEducación, una inversión que sí paga

Una de las preguntas más frecuentes a la hora de decidirse a estudiar un posgrado es sí el dinero y el tiempo invertido retribuirá 'ganancias' tanto profesionales como personales. Esa inquietud pueden ser insistente si se piensa en un país como Colombia y si ese estudio se hace en el exterior.
Tal vez una respuesta concreta no existe. Los más optimistas pensarán de inmediato en una ganancia económica y algunos más realistas en una retribución a mediano y largo plazo. Sin embargo, está la respuesta de los analistas y estudiosos que están seguros de que educarse trae los más altos dividendos a un país de economías emergentes y variables como la colombiana.
El estudio Financiando la educación ? Inversiones y Rendimientos, que fue encargado por 16 países con economías en desarrollo, siete de ellas latinoamericanas (Argentina, Brasil, Chile, China, Egipto, India, Indonesia, Jamaica, Malasia, Paraguay, Perú, Filipinas, Tailandia, Túnez, Uruguay y Zimbabwe), indicó que en las dos últimas décadas la inversión educativa aportó aproximadamente medio punto porcentual a la tasa de crecimiento anual de esos países.
Este resultado toca directamente a los intereses de los gobiernos, que se han preocupado por incrementar el acceso a la educación y por ende la mano de obra basada en el conocimiento. Aunque Colombia no hizo parte del estudio, algunas de esas características la equiparan con los países latinoamericanos que hicieron parte de éste y se pueden establecer algunas comparaciones con nuestra situación actual.
Pero mientras el mundo actual demanda por profesionales cada día mejor preparados, las economías en desarrollo entran en la paradoja de necesitar personas más capacitadas pero ofertas concretas en todos los campos del conocimiento.
Un recurso clave
A pesar de esto, el informe analiza un punto importante para los profesionales de esos países. Las personas con un mejor nivel educativo tienen mejores posibilidades en el mercado laboral, mayores probabilidades de estar y permanecer empleadas, y entre mejor calificados estén mayor será su ingreso. Esta variable tiene mejores cualidades si esa capacitación se hizo fuera del país.
Por ejemplo, en Indonesia un hombre con posgrado gana un 82% más que uno que sólo cuente con educación universitaria. En Paraguay la diferencia alcanza un 300%.
El reporte encontró que la relación entre la educación y el crecimiento económico durante los últimos 20 años fue más fuerte en Argentina, Chile, Jamaica, Malasia, Perú, Filipinas y Uruguay, y que durante los años noventa fue mayor en Brasil, Indonesia, Tailandia y Zimbabwe.
Como conclusión, los autores del estudio dicen que aunque el conocimiento es un recurso clave para el desarrollo, éste no será en muchos años el denominador común de estos países.
Pero descubrir que la educación es una inversión con dividendos a largo plazo si es un punto de partida para tomar una decisión a la hora de estudiar, sobre todo fuera del país de origen.
Educar sí paga. Con una inversión eficaz y una distribución equitativa, el conocimiento puede convertirse en un activo no sólo abundante sino renovable y auto generable. Y con un ingrediente implícito en un comienzo intangible, la satisfacción de contribuir al crecimiento del país.
*Con información del estudio de la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE.
Menos ciencias puras y más argumentación en el bachillerato

A su hijo no le gusta el estudio, mi señora - le dijo, en cierta ocasión, un profesor a una acudiente, pues el estudiante no era bueno en matemáticas. Y -¡Es medio brutico el chino! - creo que, muy en sus adentros, también exclamó victorioso el profesor. -Yo sí sé en qué es bueno este vergajo - respondió la señora con mucha frustración-. La verdad, no sé qué tenía en mente la señora, pero yo sí creo que cabría preguntarse: ¿en qué sí es bueno el estudiante? Porque bien podría respondérsele al profesor: -Vaya usted y haga los goles que hace este pelado, vaya baile como él, pinte como él o escriba como él, entre otras y no menos importantes cosas. Por supuesto que no podría, pues hasta los grandes genios suelen demostrar su torpeza en todo aquello que es ajeno a su ciencia: ¡Es medio brutico el profesor! Es lamentable que las matemáticas, la química y las demás ciencias puras constituyan el pilar sobre el que se funda la enseñanza del bachillerato. Es lamentable que esta enseñanza se funde sobre una visión tan sesgada del conocimiento. Porque esto hace que las artes y otros tipos de conocimiento no-científico sean consideradas como un relleno en los pensum del bachillerato. Son saberes de los cuales nuestros bachilleres: o no tienen ni la más remota idea, o no tienen en muy buena estima.
Esto es un problema, uno que se soluciona ampliando la concepción que la educación secundaria tiene del conocimiento. Porque indagar sobre la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas es aquello a lo que denominamos ‘conocimiento’. Y si esto es así entonces se trata de un proceso que incluye aprender, saber, formarse una idea de algo y, en consecuencia, entender por todos los medios posibles. Por esta razón, el conocimiento no se limita al campo del lenguaje, al pensamiento verbal o al razonamiento científico, sino que igualmente está al servicio de la imaginación, la sensación, la percepción, la emoción y la moral. De aquí que la ciencia no sea, entonces, el único camino que conduce al progreso del conocimiento. Porque si bien no nos permiten construir naves espaciales, la reflexión filosófica, política y social, la práctica, la percepción, y las diferentes artes y moralidades constituyen igualmente medios legítimos para obtener conocimiento y formarse, así, una idea del mundo que nos rodea. La ciencia constituye, entonces, un porcentaje mínimo del conocimiento.
Sí, la ampliación de nuestra concepción del conocimiento es pues ya una solución al problema. Sin embargo, yo creo que no solo se trata de que la educación secundaria esté obviando una buena parte del conocimiento. El problema es mucho mayor: ¡Este enfoque está acrecentando la ignorancia!
Un eterno problema con el que tenemos que lidiar los profesores universitarios lo constituye el lamentable hecho de que los ‘primíparos’ no saben leer ni escribir. Porque saber leer no es simplemente comprender el significado de los caracteres de un escrito, sino también estar en la capacidad de entender aquello que, en última instancia, defienden los autores; porque saber escribir, además de que se puedan representar palabras o ideas, implica que estas se puedan trasmitir de la manera más clara posible. Este problema es mucho mayor si aceptamos —tal y como creo que deberíamos aceptar— que saber leer y escribir no se restringe al ámbito verbal sino que también incluye el ámbito no verbal. Se trata, así, de estar en la capacidad de entender todo lo que hay por entender y de hacerse entender por todos los medios posibles: saber hablar y expresarse bien para persuadir a otros, por ejemplo, saber leer y apreciar obras de arte, entre otras cosas. Saber leer y escribir es, entonces, saber argumentar.
Es un hecho, nuestros bachilleres no saben leer ni escribir, no saben argumentar. Esto es un problema mayor, y un problema no solo para los profesores universitarios, sino para toda la sociedad en general. Pienso que se trata de un problema social porque si un bachiller no sabe leer ni escribir, si no sabe argumentar, entonces estará condenado a ‘tragar entero’; no sabrá discernir las propuestas políticas de sus gobernantes, no conocerá sus derechos y mucho menos sabrá cómo hacerlos valer. Sí, sin ir muy lejos, es claro que la falta de una fundamentación argumentativa tiene implicaciones políticas, sociales y económicas, porque quien no sabe argumentar es, sencillamente, objeto de dominación.
Alguien podría afirmar que una buena enseñanza del ‘Español’ llenaría el hueco que estoy señalando aquí. Porque la enseñanza misma de esta asignatura ?’Español y Literatura’, como se llama? está centrada también en el enfoque de las ciencias puras ?y, así, en lugar de ofrecer las herramientas básicas para dominar el idioma, se enseña una suerte de saber enciclopédico centrado en un tortuoso y desenfocado análisis literario?. Pero yo creo el problema requiere de una solución más radical. Pienso que esta solución amerita que se incluya, como asignatura esencial del bachillerato, la argumentación: una argumentación tanto formal como informal.
Si nuestros bachilleres aprenden a determinar qué es un argumento, cuándo es válido y cuándo no, realmente habremos logrado mucho. Porque esto les permitirá ampliar su visión del mundo, porque sabrán ahora que la esencia de un argumento está en la persuasión ?que además de verbal es no verbal? y porque, en consecuencia, estarán más preparados para enfrentar a un mundo que es, en esencia, persuasivo. Así, por ejemplo, ya será más fácil que nuestros jóvenes puedan apreciar el arte mediante el estudio de la argumentación artística ?que no acojan la errada concepción de que el arte es un oficio trivial, propio de drogadictos o desocupados?. Ya será más difícil que se dejen ‘meter gato por liebre’, con su dominio de las falacias argumentativas ?ya serán menos objeto de dominación?.
Es esto lo que creo: la educación secundaria necesita menos matemáticas avanzadas, tales como álgebra, trigonometría y cálculo, menos química inorgánica y física nuclear. No digo que las ciencias puras sean innecesarias, es simplemente que el bachillerato no es el momento apropiado para aprender muchas de las unidades que las constituyen, mucho menos cuando su enseñanza está quitándole el espacio a lo realmente importante para nuestros jóvenes: la argumentación.
Así pues, siendo que es mínimo el porcentaje de los bachilleres que puede acceder a la educación superior, pienso que la responsabilidad de aminorar esta brecha intelectual entre el colegio y la universidad está en manos del Ministerio de Educación. Es a esta institución a quien debemos preguntar, entonces: ¿de qué sirven el cálculo, la trigonometría y la química cuando no se sabe leer ni escribir, cuando no se sabe argumentar? ¿De qué sirve la mediocre enseñanza de un segundo idioma cuando no se domina la lengua materna? Es hora de complementar las ciencias puras con una adecuada formación en argumentación. Es hora de ofrecer una educación realmente integral a nuestros bachilleres.

